- Publicidad -
Hubo un tiempo en que el sonido del timbre marcaba el inicio de cada jornada… y ahí estaba usted, firme, guiando, enseñando, formando. No solo dirigió una escuela, sembró valores, construyó caminos y dejó huellas imborrables en generaciones enteras.
Entre aulas, cuadernos y sonrisas, se fue escribiendo una historia que hoy llega a una pausa, no a un final.
Porque su legado seguirá vivo en cada estudiante que aprendió de usted, en cada compañero que encontró apoyo, y en cada rincón de la Escuela Dr. Carlos Martínez Durán que guarda su esencia.
Hoy el timbre suena diferente… suena a descanso, a gratitud, a misión cumplida.
Gracias por tantos años de entrega, por su paciencia infinita y por liderar con el corazón.




